El título del post habla por sí solo. Listo cosas que estoy desaprendiendo para enseñar mejor. La lista no pretende en absoluto ser completa o representativa de nada más allá de sensaciones y reflexiones fruto de mi propia experiencia en el aula. He intentado ceñirme a cosas relacionadas con mi asignatura, Matemáticas.

Así pues, trato de desaprender…

  1. Que se aprende matemáticas con un papel y un lápiz.
  2. Que se aprenden más matemáticas trabajando solo.
  3. Que la asignatura de Matemáticas es más importante que otras.
  4. Que en la asignatura de Matemáticas se resuelven problemas que no tienen aplicación fuera de la escuela.
  5. Que la motivación está vinculada sólo al contexto, a la realidad o a la utilidad. Está más vinculada a la comprensión y al significado, cosa que no está reñida con la abstracción.
  6. Que los conceptos o la sistematización son punto de partida del aprendizaje. Lo son los problemas que resuelven esos conceptos o procedimientos.
  7. Que el aprendizaje a partir de la experimentación es más lento que un enfoque tradicional. No sólo no es más lento, sino que es más profundo.
  8. Que hay quien tiene facilidad con las Matemàticas y quien no la tiene.
  9. Que el uso de materiales está reñido con el rigor o la formalización.
  10. Que saber matemáticas es sacar buenas notas en la pruebas de competencias básicas o en la selectividad.
  11. Que el acierto debe ser aplaudido y el error obviado. Más bien al contrario, el error debe ser tan o más aplaudido que el acierto.
  12. Que siempre casi siempre la mejor respuesta a una pregunta es otra pregunta.
  13. Que ni la mecanización es el demonio ni la “problematización”, el uso de materiales o la experimentación el cielo. Conviene buscar un equilibrio entre sistematización, problemas de aplicación, actividades abiertas, experimentación…
  14. Que la cantidad o la velocidad es más importante que la profundidad.
  15. Que mis alumnos no tienen porqué aprender todas las formas que yo aprendí, o no de la misma manera.

Esta lista está relacionado con el post 15 cosas a desaprender.

Avui la Mireia m’ha enviat un correu en que deia “…aprofito per enviar-te una xorrada. Ahir em van passar aquesta imatge i… Tu li posaries un zero a un alumne amb aquest enginy?”

I m’ho he preguntat seriosament, què faria si em passés això? De fet, crec que em passa sovint vestit amb altres disfresses.

La meva resposta,

És sense dubte una resposta que demostra enginy i creativitat per part de l’alumne, així com un desconeixement profund sobre el càlcul de límits. Sovint les respostes dels alumnes amaguen missatges potents que caldria escoltar atentament.

Potser aquesta resposta és una manera indirecta de dir “aquestes matemàtiques no tenen res a veure amb mi, per què nassos haig d’aprendre a calcular límits? no ho entenc, així que… a preguntes absurdes, respostes absurdes!”. O potser no, potser és el que podria semblar a primera vista, la simple constatació d’una manca d’interès.

Així que… responent a la teva pregunta, crec que parlaria amb l’alumne, el felicitaria per la creativitat de la seva resposta i tot seguit m’interessaria per saber els motius pels quals he perdut un alumne.

  1. Que enseñar es una mezcla de hablar bien y saber imponer disciplina.
  2. Que aprender es una mezcla de escuchar y hacer caso al profesor.
  3. Que hay alumnos buenos o malos.
  4. Que hay alumnos que no quieren aprender.
  5. Que la relación con los alumnos es una especie de batalla.
  6. Que mi asignatura es más importante que mis alumnos.
  7. Que el libro de texto y el curriculum son la misma cosa.
  8. Que la escuela es un camino hacía la universidad.
  9. Que el profesor es quien decide cuánto sabe el alumno.
  10. Que la evaluación basada en números es motivadora.
  11. Que en un examen demuestra qué sabe o qué ha aprendido un alumno.
  12. Que innovar en educación significa usar tecnología.
  13. Que los contenidos curriculares son más importantes que los procesos.
  14. Que se aprende en silencio.
  15. Que la cantidad de suspensos y la exigencia del profesor son directamente proporcionales.

Aprender a enseñar requiere, en cierto modo, desaprender. Me encantó esta lista de cosas a desaprender de Xavier Marcet y he hecho la mía. Quince cosas que estoy tratando de desaprender en estos primeros años como profesor, o que ya he desaprendido, ;).

Qué cosas te gustaría desaprender a tí?
Qué has desaprendido ya?

Tinc els mateixos alumnes que el curs passat, i ells el mateix professor. Ens coneixem, i a diferència del que varem fer el curs passat, ja no té el mateix valor iniciar el curs preguntant-los com es senten quan fan matemàtiques.

Enguany m’ha semblat oportú dedicar uns minuts a evocar aspectes desitjables del passat, a rememorar algunes de les coses positives que han passat a les nostres classes, coses que m’agradaria que tornessin a passar, i que sé (o crec que sé) que ells també gaudiran. He aprofitat doncs la primera sessió per demanar-los (de nou) el seu compromís i el seu esforç. He volgut recordar-los que el que és possible a classe ho és gràcies a ells.

M’he ajudat d’aquesta breu presentació.

Hem parlat de l’avaluació, de la diferencia entre avaluar i posar notes, i els he suggerit uns consells en cas que els interessi saber com aprendre més i millor a les meves classes. El proper dia penjarem un pòster a l’aula que ens acompanyarà tot el curs.

Després hem jugat el joc del 24 per refrescar la musculatura matemàtica recordant la prioritat de les operacions, i ens ho hem passat sorollosament bé.

Avui estreno etiqueta: 2n ESO 😉

M’interessa aprendre a generar dinàmiques d’aula que contribueixin a fomentar les ganes d’aprendre. Amb aquest objectiu, fa uns dies em vaig preguntar quins consells podria donar a un alumne que vol aprendre més i millor a les meves classes de matemàtiques (i possiblement fora d’elles).

La resposta, en forma de diapositiva-pòster, la llegirem el primer dia de classe i la penjarem allà on es pugui veure. Sé que aquestes idees poden resultar paper mullat, les dinàmiques es creen fets, no amb paraules, però en tot cas, és una declaració d’intencions.

El que m’ha motivat a escriure aquestes línies no són les idees per si mateixes, sinó la sintonia amb unes altres d’una de les meves referents, la Jo Boaler. El títol d’aquest post és el d’un breu i preciós document que ha publicat recentment amb seus 7 consells favorits per donar als nostres alumnes (i suggeriments per cada un d’ells).

Me’ls faig meus (disculpeu la traducció):

  1. Tothom pot aprendre matemàtiques fins el nivell més alt.
  2. Els errors són valuosos.
  3. Les preguntes són molt importants.
  4. Les matemàtiques tenen a veure amb la creativitat i en trobar sentit.
  5. Les matemàtiques tracten sobre establir connexions i comunicar.
  6. Les classes de matemàtiques tenen a veure amb el procés, no amb el resultat.
  7. La profunditat és més important que la velocitat.

Aquí el document sencer, una petita joia: Setting up Positive Norms in Math Class.

Este post forma parte de Menear los cimientos de mi aula, una serie de posts dedicada a compartir acciones y dinámicas que contribuyen a “menear” la relación de poder en mi aula.

En los centros educativos tendemos a normativizar todo lo normativizable, y parte de lo no normativizable también. Más vale prevenir que curar, dice el dicho. ¿Pero qué significa prevenir en clave de la convivencia en los centros educativos? Establecer reglas de juego es necesario, pero quizá no tanto, o no tal y como venimos haciéndolo. Si una norma no se cumple sistemáticamente, ¿qué función tiene? Si los profesores somos los primeros que no podemos (ni queremos) hacer cumplir la norma, ¿qué función tiene? O lo que es más importante, ¿qué mensaje damos? ¿qué dinámicas se generan en el centro?

La disciplina suele ser un tema controvertido, con los alumnos y también entre los docentes. Un exceso de reglas a veces, unas normas que no responden a necesidades significativas o que no son compartidas por alumnos y docentes otras, y la inevitable artesanía que requiere aplicar un conjunto finito de reglas a un conjunto infinito de situaciones hace que la resolución de conflictos suela ir acompañada de cierto ambiente enrarecido, opaco o confuso.

Tengo poca experiencia, pero a mi entender, deberíamos ser prudentes a la hora de establecer normas. Ser estrictos en el cumplimiento de reglamentos que la realidad nos demuestra cada día que son difíciles de cumplir puede generar dinámicas en el centro contrarias a las que se quiere dar solución. Recomiendo el artículo Se portan mal y no pasa nada! de Boris Mir.

Simplificando (demasiado), estos factores contribuyen a separar a los alumnos de los profesores, y a los profesores de los alumnos. Se forman dos bandos, aquellos que han de cumplir las normas y aquellos que las hacen cumplir. Y honestamente, no me sentiría cómodo perteneciendo a ninguno de ellos.

Este escenario forma parte de la construcción de significados a la que se refiere @alazpita en un post “No es fácil”. A menudo se espera de la Escuela discipline, controle y castigue, dónde los docentes se nos reserva el papel de ejecutores. Sin previo aviso, esa construcción de significados me sitúa en una posición incómoda, al acecho del incumplimiento de normas que, dicho sea de paso, a menudo ni tan sólo comparto. Y metido en el papel, sin saberlo, me he sorprendido a mí mismo actuando como si el alumno fuera culpable a menos que se demuestre lo contrario. Una especie de autodefensa docente, cosa que sitúa al alumno en una posición de autoculpabilidad crónica.

Charlando sobre esto con mi compañero Boris Mir fue cuando me dijo una frase que me ha acompañado todo el curso,

Sergi, esto nuestro no va de tú contra ellos, sino de tú y ellos contra la ignorancia.

Esa frase provocó un clic en mi cabeza que me ha hecho afrontar mi relación con los alumnos de otro modo. No sé dar ejemplos concretos dado que se trata más de una actitud o cambio de perspectiva.


Ese cambio de perspectiva pasa por dejar de culpabilizar a los alumnos y apelar a su responsabilidad, modificar esa postura de “el alumno es culpable a menos que se demuestre lo contrario” hacia una relación que asuma que nadie quiere ser un cretino deliberadamente, nadie quiere no aprender. Esto puede parecer una obviedad, y quizá lo sea, pero lo cierto que resulta difícil dejar de enseñar como fuimos enseñados, o mejor dicho, resulta difícil cambiar “esas cosas que son así“, que parecen fuera de discusión.

He tratado de actuar consecuentemente en cualquier ámbito: actividades y dinámicas de aula, tutoria, evaluación, trato con los alumnos, resolución de conflictos, relación con mi equipo docente, etc. Procuro no tomarme la desatención o la dispersión en el aula como algo personal, nunca lo es. Intento mirar a los alumnos individualmente para intentar comprender por qué François y Emmy no participan, o por qué Blaise no respeta el turno de palabra de sus compañeros, o por qué Kurt…

Se aprende a través del ejemplo, no de la palabra, por eso ante a un mal comportamiento intento evitar el sermón, procuro poner espejos frente a los alumnos, busco compromisos y alimento complicidades dentro del grupo. Me resultaron de utilidad los consejos de Boris: (1) que el alumno reconozca la culpa, (2) que repare el daño en la medida de lo posible y (3) que pida perdón a quien sea oportuno.

Como dice @alazpita “cuando se proponen cambios metodológicos que menean los cimientos del sistema, la mayoría de los alumnos responden positivamente, pues no han perdido la curiosidad, las ganas de aprender y de disfrutar en ese proceso”. Mi manera de entender la relación con los alumnos ha cambiado, y el feedback que recibo de ellos hace que quiera seguir adelante.

Todos los alumnos desean aprender, aunque haya quien no lo sepa o no quien no se preocupe por mostrarlo. Nadie quiere ser un cretino, y si se dan las condiciones oportunas todo el mundo quiere dejarse ayudar.

Créditos: Las imágenes son de Felice Varini.
Posts de la serie Menear los cimientos de mi aula

[Intro] Menear los cimientos de mi aula
Sergi, ¿podemos escoger con quien nos sentamos?

El alumno es culpable a menos que se demuestre lo contrario

– Sergi, ¿y esto para qué me servirá?
– Sergi, ¿si sé que estará mal para qué responder?
– Sergi, ¿¡pero esto se puede hacer!?

– Esto no tienen nada que ver conmigo

– Sergi, ¿esto cuenta para la nota?
– Aprender haciendo

 

Este post es el primero de Menear los cimientos de mi aula, una serie dedicada a compartir acciones y dinámicas que contribuyen a “menear” la relación de poder en mi aula.

Siempre que sea posible, los títulos de esta serie harán referencia a preguntas de mis alumnos, que dicho sea de paso, son preguntas que hacen casi todos los alumnos (léase personas) del mundo.

La orografía del aula es una discusión recurrente. ¿Pueden los alumnos sentarse dónde y con quien quieran? ¿Cómo se distribuyen las mesas? ¿Las decisiones son compartidas o impuestas? ¿Quien las toma? ¿Se comparten-explican los criterios?

Decidir cómo y dónde se sientan los alumnos es una tarea que habitualmente recae en los docentes, de algún modo, forma parte de nuestra cuota de poder. Escoger la distribución de las mesas y el agrupamiento de los alumnos en ellas puede parecer irrelevante, e incluso fuera de discusión, pero quizá ahí radique su importancia.

U hacia adentroConversación

Una demanda eterna, ¿podemos escoger con quien nos sentamos?

Un interrogante que surge curso tras curso, una voluntad no resuelta. Una pregunta cuyo intento de réplica me conduce a un conjunto de vagas explicaciones que puede resumirse con un “las cosas son así”, que es lo que uno dice cuando no tiene alternativa. Siento que me desacredito frente a mis alumnos, cosa que lamento profundamente, cada vez que no puedo (o no sé) explicar el porqué de una decisión. Aitor Lázpita me ha hecho pensar que cuando las cosas son así es probable que en ese preciso momento esté asumiendo como propio el discurso que emana del poder.

Pero, ¿por qué demonios (didácticos) las cosas son así?

No tengo inconveniente alguno en que se sienten dónde y con quien quieran, mi objetivo es su aprendizaje, y la orografía del aula no me parece un impedimento, más bien al contrario. ¿No se trata en realidad de una oportunidad para comprometer y responsabilizar? ¿Por qué no pueden sentarse (nunca) con quien quieren? O dicho de otro modo, ¿por qué deben sentarse (siempre) con quien no quieren?

Hay alumnos que van solos, otros aprenderán a gestionar su autonomía, pero… ¡ah! ¡Leonhard, René y Maria Gaetana quieren sentarse juntos para liarla! Mmm… quieren sentarse juntos pero no saben sentarse juntos… Quizá pueda dejar que se equivoquen, no en plan #telodije, sino más bien en plan #quehacemoshoraquesabemosquenosabemos. Tanto ellos como yo queremos que se sienten juntos (sic), ¿qué podemos hacer para solucionar esto? ¿No es esta una situación de aprendizaje ideal?

¿Qué he hecho en mi aula este curso?

Antes de iniciar (casi cualquier) sesión suelo pedir a algunos alumnos si serian tan amables de ayudarme a colocar las mesas. La distribución la fijo yo siguiendo criterios funcionales (o didácticos, según se mire) en base a la actividad, en las fotografías se intuyen diferentes opciones: grupos de 2, 3, 4, u hacia dentro, u hacia fuera, individual, libre…

Las espacios condicionan lo que puede suceder en ellos. Modificar la disposición de las mesas es un mensaje en sí mismo, creo que es una manera más de singularizar las actividades.

En relación al agrupamiento de los alumnos tengo un único criterio: el cambio de criterio. La mayoría de sesiones se sientan con quien quieren, pero otras tantas usamos agrupamientos distintos: escogen una pareja o grupo distinto al habitual, escogen una pareja y completo grupos de cuatro, se agrupan por intereses personales relacionados con la actividad o con el rol a desempeñar, usamos el agrupamiento pactado con el equipo docente…

No es fácil, es coherente

Esta manera de gestionar esta cuota de poder no está exenta de dificultades, tampoco creo que sea más fácil (o difícil) que otras alternativas, pero sin duda es más coherentes con la relación que quiero establecer con mis alumnos. Puedo explicarla, discutirla y modificarla.

Un compañero me dijo una vez que el poder se otorga y la autoridad se gana. Actuando de este modo no ejerzo el poder que (supuestamente) me otorga el rol docente, lo transformo en responsabilidad y compromiso de y con mis alumnos, y a su vez, gano autoridad frente a ellos.

Comentarios destacados

30/7/14 @Txaumell:

Continuo pensant que amb aquestes dinàmiques no et guanyes cap autoritat (el terme no m’agrada gens) sinó que prediques amb l’exemple. Poses en pràctica un model de convivència i d’exercici de democràcia: responsabilitat i compromís per part de tots.

Hay palabras “pervertidas” de la cuales tenemos una definición en nuestra “mochila” que altera su significado completo. En cualquier caso, las palabras no son importantes, lo son lo hechos, los ejemplos, como tu dices.

Poder es sin duda una de esas palabras pervertidas, maldita incluso. Pero lo cierto es que el poder existe, el DIEC lo define como “la facultad de hacer alguna cosa”. Entiendo tu punto, pero el poder no es intrínsecamente nocivo. Otra cosa es que el poder corrompa. El médico tienen la facultad (el poder, puede) de tratar patologías y sugerir tratamientos.

La autoridad no es lo mismo que el poder. Me encanta la frase “el poder se otorga y la autoridad se gana”. El poder va con el cargo, pero la autoridad hay que ganársela con el ejemplo. El médico tiene el poder de tratar a sus pacientes, pero su autoridad se dirime con la gestión que haga de ese poder. Es fácil confundir el sustantivo (autoridad) con el adjetivo (autoritario).

30/7/14 @jfontgon:

El problema és la convivència amb altres ideologies en l’equip docent…

Posts de la serie Menear los cimientos de mi aula

[Intro] Menear los cimientos de mi aula
– Sergi, ¿podemos escoger con quien nos sentamos?

El alumno es culpable a menos que se demuestre lo contrario
– Sergi, ¿y esto para qué me servirá?
– Sergi, ¿si sé que estará mal para qué responder?
– Sergi, ¿¡pero esto se puede hacer!?
– Esto no tienen nada que ver conmigo
– Sergi, ¿esto cuenta para la nota?
– Aprender haciendo


El título de este post puede sonar ambicioso o rimbombante, pero es tan sólo un guiño a éste otro en Gramática parda, un blog enorme de Aitor Lázpita. En él habla de algo que me interesa enormemente, los cimientos de relación que establecemos con los alumnos, y lo hace desde un punto de vista nuevo para mí, en términos de los discursos de poder y de la gestión que hacemos como docentes.

Afirma Manuel Castells [..] que el poder se ejerce “mediante la coacción (o la posibilidad de ejercerla) y/o mediante la construcción de significado partiendo de los discursos que guían el comportamiento de los actores sociales”.

Y añade,

En la Escuela [..] la coacción y la producción de discursos también conviven.

En esa construcción de significados se atribuye al docente un papel asumido por todos. Explicar, dictar, examinar, corregir, mantener la disciplina, poner notas, mostrar autoridad, son las acciones que la comunidad espera del docente.

Cualquier transformación de este discurso compartido puede hacer que tiemble el suelo debajo de los pies de algunas personas.

Genial.

El post de Aitor zarandea intensamente mi músculo del interés, del mismo modo que lo hizo mi compañero Boris Mir cuando me dijo, sin mayor importancia, con un café entre las manos,

Sergi, esto nuestro no va de tú contra ellos, sino de tú y ellos contra la ignorancia.

De ambos zarandeos surgieron preguntas, algunas de las cuales me han acompañado todo el curso. ¿En qué medida asumo como propio el discurso de quien ejerce el poder? ¿Cómo gestiono en mi aula el poder que me otorga el rol docente? ¿De qué manera contribuyo a que los alumnos no me vean como un enemigo, sino como un aliado? O dicho de otro modo, ¿Qué acciones y dinámicas contribuyen a “menear” la relación de poder en mi aula?

Me interesa era derivada de Castells y Foucault en clave educativa. Mientras los docentes sigamos asumiendo como propio el discurso que propone quien ejerce el poder seguiremos reproduciendo modelos de relación más centrados en el control y la evaluación y menos en la participación, la autonomía, el espíritu crítico y la responsabilidad compartida.

Me interesa indagar cuál es mi postura al respecto, mi postura real, la que emana mi práctica diaria con los alumnos. Encendido por el post de Aitor adquirí un compromiso con él y con @filmatu. Así pues, he pospuesto mi auto-formación de verano y llevo días pensando qué acciones y dinámicas de mi aula contribuyen a, jugando con las palabras de Aitor, menear los cimientos de mi aula.

Tengo claro que me interesa dar ejemplos concretos más que clasificar o agrupar, pero aun así el post se me ha escapado de las manos. Los ejemplos han cobrado viva propia y el post se ha convertido en una familia de posts. Dicho lo cual, en adelante iré publicando pequeños posts que tendrán sentido por si mismos y que a su vez conformaran una serie más o menos coherente.

Para nada se trata de una serie que represente exhaustivamente mi práctica habitual, y en ningún caso son ideas consolidadas o contrastadas, simplemente son fotografías de mi aula que me gustaría compartir. Todas ellas tienen como denominador común la mirada puesta en la gestión del poder y en la relación con los alumnos que creo que propone esa gestión.

Avanzo esta (espero que) sugerente lista de títulos:

[Intro] Menear los cimientos de mi aula
Sergi, ¿podemos escoger con quien nos sentamos?

El alumno es culpable a menos que se demuestre lo contrario
– Sergi, ¿y esto para qué me servirá?
– Sergi, ¿si sé que estará mal para qué responder?
– Sergi, ¿¡pero esto se puede hacer!?
– Esto no tienen nada que ver conmigo
– Sergi, ¿esto cuenta para la nota?
– Aprender haciendo

Estos dias en #aulablog14 me han servido para reafirmarme en al menos en dos ideas: (1) hay goze matemático para todxs, y (2) sentir una pregunta es una herramienta de aprendizaje potentísima.

Sentir, vivir, crear una pregunta en la cabeza de los alumnos tiene un valor especial, descubrir es mucho más potente que conocer. Descubrir singulariza, personifica, sindica, atrae. El conocimiento puede transmitirse, puede ser contado, pero el descubrimiento sólo puede vivirse en primera persona.

Con demasiada frecuencia la resolución de problemas matemáticos tiene esta pinta.

¿Ganas de resolverlo?

Esta manera de presentar un problema tiene ventajas, claro está, pero también es obvio que se preocupa poco o nada de que su resolución sea apetecible, o por captar y mantener la atenció de nuestros alumnos. En el taller Sin conflicto no hay matemáticas intentamos mostrar como generar una dinámica de aula más centrada en los alumnos y menos en el contenido curricular. Una idea original de Dan Meyer que él mismo llama “actividades matemáticas en tres actos”.

Primero, encender el fuego. ¿Este video te sugiere alguna pregunta?

Después del taller, Boris apuntó que hubiera estado bien ver más puntos de partida como éste, es decir, situaciones que permitan sentir una pregunta. El objetivo de este artículo es dar cuatro ejemplos más que me parecen atractivos tan o más atractivos como la piràmide de monedas.

Ejemplo 1

A partir de un vídeo creado ex profeso. Un dipósito de agua se llena leeeeeentamente.

La pregunta principal que se quiere crear es ¿cuánto tardará en llenarse el tanque?

Ejemplo 2

A partir de una imagen. Quizá sea necesario introducirla, explicar que se trata de una fotografia en la que se ve una reproducción a escala de Neptuno. Pero, y eso es lo potente, quizá no hace falta decir nada más.

La pregunta que quiere sugerirse es ¿dónde está la Tierra?, ¿cómo sera de grande?

Ejemplo 3

A partir de un anuncio televisivo en el que se ha ocultado cierta información. 39 segundos bastan para encender el fuego.

La pregunta que se quiere crear es ¿cuántos sobres de azúcar hay en una lata de Coca-Cola?

Ejemplo 4

A partir de un objeto físico, palpable. Un pedazo de césped del Camp Nou de coleccionista, serie limitada. Entrar en clase, dejar el objeto donde toda la clase pueda verlo. ¿Qué preguntas surgen?

 ¿Cuántos trozos de césped como este hay en el Camp Nou? Suelen surgir preguntas distintas pero equivalentes: ¿cuántas personas tienen un pedazo como este? ¿cuánto dinero ha ganado el Barça vendiendo el césped?

Los tres primeros ejemplos son de Dan Meyer (aquí todas sus actividades en tres actos), el cuarto de Laia Fandos.

A raíz del feedback que recibimos en #aulablog14 no tengo ninguna duda de que esta metodologia dinámica de aula es exportable a cualquier disciplina. Lamento que todos los ejemplos sean de matemáticas. ¿Se te ocurre alguna propuesta de tu ámbito?

No puedo acabar este artículo sin decir que #aulablog14 también me ha servido para reafirmarme en otra idea. Me encanta ser profesor.

És evident que assistir a cursos de formació  té un pes important en la configuració de la meva identitat docent. Altra cosa és transferir el que aprenc a l’aula, sovint hi ha una desconnexió entre el coneixement i l’experiència (entesa com la pràctica d’aula). Aquest fet em genera certa frustració-perplexitat després de cada curs, una sensació d’ineficiència o d’estacament.

Per aquest motiu m’he inscrit a un curs de formació d’estiu diferent, d’autoformació per ser més precís, gratuït, amb un bon balanç telemàtic/presencial, adaptat a les meves necessitats i a les dels meus alumnes, d’horari i duració flexibles, i el més important, reconegut oficiosament pels meus alumnes. En què consisteix?

He demanat a tots els alumnes què pensen de les meves classes de Matemàtiques. Els he fet 30 preguntes valorant la seva participació, la meva intervenció, la metodologia i l’avaluació, què els ha interessat més/menys, quins aspectes caldria ampliar/eliminar… Els he dit que no es tracta d’una activitat avaluable (tot i que ja procuro desvincular motivació i avaluació sempre que puc), que no tenen perquè respondre si no volen, però que m’interessa saber què opinen, que el seu parer em pot ajudar a fer millor la meva feina i, potser, a millorar les seves classes. El curs de formació d’estiu consistirà en analitzar les respostes, classificar i agrupar idees, i intentar lligar-ho amb la meva pràctica i les meves sensacions durant el curs. No és una informació neutral, òbviament, els poso entre l’espasa i la paret, però existeix tal cosa? Mentre el biaix informatiu no sigui tendenciós, només cal llegir la premsa aquests dies i fer un brindis per Felip VI. Pel que he pogut veure el feedback dels meus alumnes té un biaix positiu, però pitjor seria no saber res del que pensen, o que el biaix fos negatiu, :(.

Inauguraré la autoformació dedicant la primera sessió, i potser última (durada flexible), a intentar classificar quins són els factors que segons el parer dels meus alumnes fan que estiguin més motivats.