Este post es el primero de Menear los cimientos de mi aula, una serie dedicada a compartir acciones y dinámicas que contribuyen a “menear” la relación de poder en mi aula.

Siempre que sea posible, los títulos de esta serie harán referencia a preguntas de mis alumnos, que dicho sea de paso, son preguntas que hacen casi todos los alumnos (léase personas) del mundo.

La orografía del aula es una discusión recurrente. ¿Pueden los alumnos sentarse dónde y con quien quieran? ¿Cómo se distribuyen las mesas? ¿Las decisiones son compartidas o impuestas? ¿Quien las toma? ¿Se comparten-explican los criterios?

Decidir cómo y dónde se sientan los alumnos es una tarea que habitualmente recae en los docentes, de algún modo, forma parte de nuestra cuota de poder. Escoger la distribución de las mesas y el agrupamiento de los alumnos en ellas puede parecer irrelevante, e incluso fuera de discusión, pero quizá ahí radique su importancia.

U hacia adentroConversación

Una demanda eterna, ¿podemos escoger con quien nos sentamos?

Un interrogante que surge curso tras curso, una voluntad no resuelta. Una pregunta cuyo intento de réplica me conduce a un conjunto de vagas explicaciones que puede resumirse con un “las cosas son así”, que es lo que uno dice cuando no tiene alternativa. Siento que me desacredito frente a mis alumnos, cosa que lamento profundamente, cada vez que no puedo (o no sé) explicar el porqué de una decisión. Aitor Lázpita me ha hecho pensar que cuando las cosas son así es probable que en ese preciso momento esté asumiendo como propio el discurso que emana del poder.

Pero, ¿por qué demonios (didácticos) las cosas son así?

No tengo inconveniente alguno en que se sienten dónde y con quien quieran, mi objetivo es su aprendizaje, y la orografía del aula no me parece un impedimento, más bien al contrario. ¿No se trata en realidad de una oportunidad para comprometer y responsabilizar? ¿Por qué no pueden sentarse (nunca) con quien quieren? O dicho de otro modo, ¿por qué deben sentarse (siempre) con quien no quieren?

Hay alumnos que van solos, otros aprenderán a gestionar su autonomía, pero… ¡ah! ¡Leonhard, René y Maria Gaetana quieren sentarse juntos para liarla! Mmm… quieren sentarse juntos pero no saben sentarse juntos… Quizá pueda dejar que se equivoquen, no en plan #telodije, sino más bien en plan #quehacemoshoraquesabemosquenosabemos. Tanto ellos como yo queremos que se sienten juntos (sic), ¿qué podemos hacer para solucionar esto? ¿No es esta una situación de aprendizaje ideal?

¿Qué he hecho en mi aula este curso?

Antes de iniciar (casi cualquier) sesión suelo pedir a algunos alumnos si serian tan amables de ayudarme a colocar las mesas. La distribución la fijo yo siguiendo criterios funcionales (o didácticos, según se mire) en base a la actividad, en las fotografías se intuyen diferentes opciones: grupos de 2, 3, 4, u hacia dentro, u hacia fuera, individual, libre…

Las espacios condicionan lo que puede suceder en ellos. Modificar la disposición de las mesas es un mensaje en sí mismo, creo que es una manera más de singularizar las actividades.

En relación al agrupamiento de los alumnos tengo un único criterio: el cambio de criterio. La mayoría de sesiones se sientan con quien quieren, pero otras tantas usamos agrupamientos distintos: escogen una pareja o grupo distinto al habitual, escogen una pareja y completo grupos de cuatro, se agrupan por intereses personales relacionados con la actividad o con el rol a desempeñar, usamos el agrupamiento pactado con el equipo docente…

No es fácil, es coherente

Esta manera de gestionar esta cuota de poder no está exenta de dificultades, tampoco creo que sea más fácil (o difícil) que otras alternativas, pero sin duda es más coherentes con la relación que quiero establecer con mis alumnos. Puedo explicarla, discutirla y modificarla.

Un compañero me dijo una vez que el poder se otorga y la autoridad se gana. Actuando de este modo no ejerzo el poder que (supuestamente) me otorga el rol docente, lo transformo en responsabilidad y compromiso de y con mis alumnos, y a su vez, gano autoridad frente a ellos.

Comentarios destacados

30/7/14 @Txaumell:

Continuo pensant que amb aquestes dinàmiques no et guanyes cap autoritat (el terme no m’agrada gens) sinó que prediques amb l’exemple. Poses en pràctica un model de convivència i d’exercici de democràcia: responsabilitat i compromís per part de tots.

Hay palabras “pervertidas” de la cuales tenemos una definición en nuestra “mochila” que altera su significado completo. En cualquier caso, las palabras no son importantes, lo son lo hechos, los ejemplos, como tu dices.

Poder es sin duda una de esas palabras pervertidas, maldita incluso. Pero lo cierto es que el poder existe, el DIEC lo define como “la facultad de hacer alguna cosa”. Entiendo tu punto, pero el poder no es intrínsecamente nocivo. Otra cosa es que el poder corrompa. El médico tienen la facultad (el poder, puede) de tratar patologías y sugerir tratamientos.

La autoridad no es lo mismo que el poder. Me encanta la frase “el poder se otorga y la autoridad se gana”. El poder va con el cargo, pero la autoridad hay que ganársela con el ejemplo. El médico tiene el poder de tratar a sus pacientes, pero su autoridad se dirime con la gestión que haga de ese poder. Es fácil confundir el sustantivo (autoridad) con el adjetivo (autoritario).

30/7/14 @jfontgon:

El problema és la convivència amb altres ideologies en l’equip docent…

Posts de la serie Menear los cimientos de mi aula

[Intro] Menear los cimientos de mi aula
– Sergi, ¿podemos escoger con quien nos sentamos?

El alumno es culpable a menos que se demuestre lo contrario
– Sergi, ¿y esto para qué me servirá?
– Sergi, ¿si sé que estará mal para qué responder?
– Sergi, ¿¡pero esto se puede hacer!?
– Esto no tienen nada que ver conmigo
– Sergi, ¿esto cuenta para la nota?
– Aprender haciendo


El título de este post puede sonar ambicioso o rimbombante, pero es tan sólo un guiño a éste otro en Gramática parda, un blog enorme de Aitor Lázpita. En él habla de algo que me interesa enormemente, los cimientos de relación que establecemos con los alumnos, y lo hace desde un punto de vista nuevo para mí, en términos de los discursos de poder y de la gestión que hacemos como docentes.

Afirma Manuel Castells [..] que el poder se ejerce “mediante la coacción (o la posibilidad de ejercerla) y/o mediante la construcción de significado partiendo de los discursos que guían el comportamiento de los actores sociales”.

Y añade,

En la Escuela [..] la coacción y la producción de discursos también conviven.

En esa construcción de significados se atribuye al docente un papel asumido por todos. Explicar, dictar, examinar, corregir, mantener la disciplina, poner notas, mostrar autoridad, son las acciones que la comunidad espera del docente.

Cualquier transformación de este discurso compartido puede hacer que tiemble el suelo debajo de los pies de algunas personas.

Genial.

El post de Aitor zarandea intensamente mi músculo del interés, del mismo modo que lo hizo mi compañero Boris Mir cuando me dijo, sin mayor importancia, con un café entre las manos,

Sergi, esto nuestro no va de tú contra ellos, sino de tú y ellos contra la ignorancia.

De ambos zarandeos surgieron preguntas, algunas de las cuales me han acompañado todo el curso. ¿En qué medida asumo como propio el discurso de quien ejerce el poder? ¿Cómo gestiono en mi aula el poder que me otorga el rol docente? ¿De qué manera contribuyo a que los alumnos no me vean como un enemigo, sino como un aliado? O dicho de otro modo, ¿Qué acciones y dinámicas contribuyen a “menear” la relación de poder en mi aula?

Me interesa era derivada de Castells y Foucault en clave educativa. Mientras los docentes sigamos asumiendo como propio el discurso que propone quien ejerce el poder seguiremos reproduciendo modelos de relación más centrados en el control y la evaluación y menos en la participación, la autonomía, el espíritu crítico y la responsabilidad compartida.

Me interesa indagar cuál es mi postura al respecto, mi postura real, la que emana mi práctica diaria con los alumnos. Encendido por el post de Aitor adquirí un compromiso con él y con @filmatu. Así pues, he pospuesto mi auto-formación de verano y llevo días pensando qué acciones y dinámicas de mi aula contribuyen a, jugando con las palabras de Aitor, menear los cimientos de mi aula.

Tengo claro que me interesa dar ejemplos concretos más que clasificar o agrupar, pero aun así el post se me ha escapado de las manos. Los ejemplos han cobrado viva propia y el post se ha convertido en una familia de posts. Dicho lo cual, en adelante iré publicando pequeños posts que tendrán sentido por si mismos y que a su vez conformaran una serie más o menos coherente.

Para nada se trata de una serie que represente exhaustivamente mi práctica habitual, y en ningún caso son ideas consolidadas o contrastadas, simplemente son fotografías de mi aula que me gustaría compartir. Todas ellas tienen como denominador común la mirada puesta en la gestión del poder y en la relación con los alumnos que creo que propone esa gestión.

Avanzo esta (espero que) sugerente lista de títulos:

[Intro] Menear los cimientos de mi aula
Sergi, ¿podemos escoger con quien nos sentamos?

El alumno es culpable a menos que se demuestre lo contrario
– Sergi, ¿y esto para qué me servirá?
– Sergi, ¿si sé que estará mal para qué responder?
– Sergi, ¿¡pero esto se puede hacer!?
– Esto no tienen nada que ver conmigo
– Sergi, ¿esto cuenta para la nota?
– Aprender haciendo

Joseangel Murcia (@tocamates) está preparando una publicación para una revista de cuyo nombre no quiero acordarme, concretamente “una serie de artículos hablando de blogs, sin afán de ser exhaustivo, pero dando razones de por qué creo (creemos) que es buena idea abrir un blog”.

Me escribió ayer contándome esto y pidiendo respuesta a algunas cuestiones. Con su permiso, me ha parecido adecuado publicarlo aquí.

¿Cómo se llama tu blog? ¿Por qué? ¿Quién escribe en él? ¿Colaboras con otros blogs?

No tiene nombre. Sólo escribo yo, aunque a menudo expreso mi opinión sobre experiencias surgidas en colaboración con otras personas. No colaboro con otros blogs de manera regular, pero intento comentar siempre que puedo. Ken Blanchart dice que el feedback es el desayuno de los campeones.

¿En qué momento decidiste que era buena idea abrir un blog? ¿Alguien te animó?

Inicialmente no creí que fuera una buena idea, más bien pensé que era una pérdida de tiempo, pero me gustaba hacerlo.

¿En qué momento te diste cuenta de que se te iba de las manos (el blog ya no te pertenecía y era “del mundo”)?

No tengo la sensación de que se me haya ido de las manos, y no creo que pueda ser de otro modo. Se trata de un blog personal, centrado en mi propia práctica, de algún modo, es un testimonio (multimedia) de mi recorrido profesional.

Quizá no he entendido la pregunta…

¿Para qué pensabas usar el blog? ¿Es para lo que ha acabado sirviendo?

Inicialmente lo veía como un espacio centrado en mis intereses, tanto personales como profesionales. Con el tiempo me he dado cuenta que la red se crea a partir de intereses compartidos, lo cual hace que sea importante no mezclar temas inconexos.

Tuve ocasión de preguntarle a Dan Meyer por qué le parecía importante compartir experiencias y crear comunidad. Hago mía su respuesta cuando me dijo que hacer sus preguntas en Internet le ayudó a crear una comunidad a su alrededor que le ha edificado, animado, criticado y le ha dado todo aquello que necesita para crecer como educador. La conversación íntegra puede consultarse aquí.

Sin lugar a duda, mi blog es la herramienta de desarrollo profesional más potente de que dispongo. Internamente me proporciona un espacio de reflexión y aprendizaje centrado en mi experiencia, externamente me permite compartir ideas y propuestas por un lado, y crear una pequeña comunidad centrada en mis intereses. ¡Esto antes era imposible!

¿Cuánto tiempo le dedicas a la semana? 

A menudo escribo cosas que finalmente no me merece la pena publicar, o publico cosas que no surgieron con la finalidad de ser publicadas (¡como este post!). Me resulta difícil cuantificar, pero sí puedo decir que le dedico bastantes horas.

¿Qué otras redes utilizas? ¿Te toma mucho tiempo? ¿Programas las entradas? ¿Te ayuda alguien?

Consulto casi a diario el correo electrónico, Twitter, YouTube y mi red de blogs. No programo las entradas, quizá porque mi ritmo de producción no lo requiere. Tengo un par o tres de docenas de posts en modo borrador, algunos nacen, crecen y se publican, otros se estancan, y otros tantos mueren antes de ver la luz. En cualquier caso, todos ellos cumplen su objetivo, me ayudan a reflexionar sobre mi propia práctica y a seguir aprendiendo.

¿Te preocupan las estadísticas? ¿El número de visitas? ¿El SEO?

¿Deberían? No, no me preocupan, aunque me interesan, sería ingenuo decir lo contrario. Miro con regularidad el número de visitas, qué posts se leen más, de dónde provienen las visitas… No hago “ingenieria de visitas”, tan sólo trato de escribir posts pensados, críticos, constructivos, con la mirada puesta en que puedan ser útiles a personas con intereses similares a los mios.

¿Eres regular? ¿Cuántas entradas escribes a la semana/al mes? ¿Te tomas descansos?

Intento publicar algun todos los meses, en los últimos dos años he publicado una media de tres posts al mes.

¿Te ha pasado que alguien “de la calle” te haya reconocido como el autor del blog que sigue? ¿Cómo ha sido?

En jornadas, seminarios, talleres y demás happenings educativos es relativamente habitual encontrar personas que han leído mi blog o que me conocen a través de Twitter, del mismo modo que yo tengo el gusto de conocer a las personas que hay detrás de blogs que sigo fervientemente.

¿Qué blogueros son tu inspiración? ¿Qué blogs de matemáticas o de didáctica nacionales o internacionales no te pierdes?

Sigo muchos blogs de docentes de matemáticas y de otras disciplinas, y de personas vinculadas de uno u otro modo a la educación o a las matemáticas. Principalmente me interesan los blogs similares al mío, centrados en la reflexión de aula.

Por la calidad de sus ideas y la manera de gestionar el blog destaco a Dan Meyer por encima el resto, es una constante fuente de inspiración para mí.

A nivel internacional sigo de cerca a Kate Nowak, Christopher Danielson, Sarah Aldous, Sam Shah, Jo Boaler, Fawn Nguyen, Andrew Stadel, Bowman Dickinson, Michael Pershan, Sarah Hagan

Y a nivel nacional a Boris Mir, Aitor Lázpita, Joan Jareño, Joseángel Murcia (tocamates), Jordi Doménech, Azahara Casas, Antonio Omatos, Joaquin García Mollá, Jaume Sans, Lourdes Domenech, Toni Solano, Ferran Ruíz entre otros.

¿Qué herramientas usas para leer blogs?

Un lector de rss, antes Goolge Reader, ahora Feedly.

¿Aconsejas a la gente que se abra un blog? ¿A todos? ¿Qué es lo mejor que te ha aportado abrir un blog?

Me interesa el blog como herramienta de desarrollo profesional, y creo que en ese sentido es un recurso tan potente como poco explotado. Así que lo aconsejo fervientemente.

Animo a todas mis compañeras/os a abrir un blog para a compartir su experiencia personal, sus éxitos y sus preguntas. Les animo a escribir sobre aquello que les haga vibrar, y les sugiero que lo hagan centrándose en el proceso más que en el producto, a hablar de ingredientes, no de recetas, a poner el acento en compartir reflexiones más que en mostrar resultados.

¿Tu blog habla solo de matemáticas? ¿No te entran ganas de comentar otros temas? ¿Cómo te reprimes?

Habla de tres temas relacionados: educación, matemáticas y educación matemàtica. E intento hacerlo siempre a partir de mi propia experiencia, raramente publico nada que no haya pasado por mi estómago, para difundir la opinión de terceros hago servir otros canales, como por ejemplo Twitter.

La tentación de comentar otros temas es grande, pero me parece clave escoger un ámbito temático, la red se nutre del interés compartido.

Estos dias en #aulablog14 me han servido para reafirmarme en al menos en dos ideas: (1) hay goze matemático para todxs, y (2) sentir una pregunta es una herramienta de aprendizaje potentísima.

Sentir, vivir, crear una pregunta en la cabeza de los alumnos tiene un valor especial, descubrir es mucho más potente que conocer. Descubrir singulariza, personifica, sindica, atrae. El conocimiento puede transmitirse, puede ser contado, pero el descubrimiento sólo puede vivirse en primera persona.

Con demasiada frecuencia la resolución de problemas matemáticos tiene esta pinta.

¿Ganas de resolverlo?

Esta manera de presentar un problema tiene ventajas, claro está, pero también es obvio que se preocupa poco o nada de que su resolución sea apetecible, o por captar y mantener la atenció de nuestros alumnos. En el taller Sin conflicto no hay matemáticas intentamos mostrar como generar una dinámica de aula más centrada en los alumnos y menos en el contenido curricular. Una idea original de Dan Meyer que él mismo llama “actividades matemáticas en tres actos”.

Primero, encender el fuego. ¿Este video te sugiere alguna pregunta?

Después del taller, Boris apuntó que hubiera estado bien ver más puntos de partida como éste, es decir, situaciones que permitan sentir una pregunta. El objetivo de este artículo es dar cuatro ejemplos más que me parecen atractivos tan o más atractivos como la piràmide de monedas.

Ejemplo 1

A partir de un vídeo creado ex profeso. Un dipósito de agua se llena leeeeeentamente.

La pregunta principal que se quiere crear es ¿cuánto tardará en llenarse el tanque?

Ejemplo 2

A partir de una imagen. Quizá sea necesario introducirla, explicar que se trata de una fotografia en la que se ve una reproducción a escala de Neptuno. Pero, y eso es lo potente, quizá no hace falta decir nada más.

La pregunta que quiere sugerirse es ¿dónde está la Tierra?, ¿cómo sera de grande?

Ejemplo 3

A partir de un anuncio televisivo en el que se ha ocultado cierta información. 39 segundos bastan para encender el fuego.

La pregunta que se quiere crear es ¿cuántos sobres de azúcar hay en una lata de Coca-Cola?

Ejemplo 4

A partir de un objeto físico, palpable. Un pedazo de césped del Camp Nou de coleccionista, serie limitada. Entrar en clase, dejar el objeto donde toda la clase pueda verlo. ¿Qué preguntas surgen?

 ¿Cuántos trozos de césped como este hay en el Camp Nou? Suelen surgir preguntas distintas pero equivalentes: ¿cuántas personas tienen un pedazo como este? ¿cuánto dinero ha ganado el Barça vendiendo el césped?

Los tres primeros ejemplos son de Dan Meyer (aquí todas sus actividades en tres actos), el cuarto de Laia Fandos.

A raíz del feedback que recibimos en #aulablog14 no tengo ninguna duda de que esta metodologia dinámica de aula es exportable a cualquier disciplina. Lamento que todos los ejemplos sean de matemáticas. ¿Se te ocurre alguna propuesta de tu ámbito?

No puedo acabar este artículo sin decir que #aulablog14 también me ha servido para reafirmarme en otra idea. Me encanta ser profesor.